Fraternidad Misionera Verbum Dei Costa Rica

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Testimonio “Iniciando el camino…”

“Todo esto me ayudó a poder detallar las motivaciones que tengo para iniciar el camino con el Curso de Formación de la Rama de Misioneros.” 

Fecha: 18 de Mayo del 2010

Por Luis Pablo González

“Mi nombre es Luis Pablo González Ulate, soy costarricense y tengo 27 años de edad. Quiero contarte un poco de mi, de mi vida y como ha cambiado.

Ya para mis 26 años había obtenido los títulos universitarios que me había propuesto, había viajado a varios países y poseía cosas que me facilitaban la vida, pero el día que terminé la maestría me dije: ¿Qué sigue?

Vi el panorama y me faltaba casarme, tener una casa, hijos y ser feliz. Pensé: ¿Eso es lo que quiero?  Y así, empecé a analizar mis decisiones en los últimos 10 años y como me habían llevado hasta ahí, siempre buscando la felicidad, pero, que aún no la sentía cerca, ni aún la veía en el panorama futuro que me estaba proponiendo.

Para ese tiempo conocía la Familia Verbum Dei desde cerca de 1 año y solicité acompañamiento. Yo más comprometido con la Oración iba evidenciando los frutos que me iba dando.

La Oración a través de la Palabra me empezó a dar respuestas claras a mi situación de vida, de mis debilidades en la fe y de áreas que requerían atención. Empecé a interiorizar la Palabra, a desengranarla, a obtener una oración tan sustanciosa que me sorprendía y no podía dejar de hacerlo. Asimilar la Palabra y orar junto a Jesús, al Padre y al Espíritu Santo me daban las fuerzas para vivir de una forma distinta. María empezó a ser testigo e intercesora con Jesús y es que creo que el Hijo no podía resistirse a su Madre.

Luego de varios meses podía escuchar y sentir a Jesús. ÉL empezó a manifestarme claramente su Amor y yo lo asimilaba con mi mente, pero me costaba mucho trabajo bajarlo a mi corazón. Luego de un tiempo de estar tratando de entender su Amor le dije que ya no quería entender su Amor, estaba cansado de intentar, entonces le dije que ya no quería entenderlo, sino sentirlo y vivirlo.

A partir de ahí empecé a recibirlo en mi corazón y yo empecé a amarlo. Mi corazón se iba ablandando y aún ahora me sorprendo de cuan duro estaba antes de vivir una relación con Jesús.

Siempre en busca de la felicidad, junto a EL logramos identificar que mi vocación esta orientada a Amar y a todo lo que contempla; entonces surgió la pregunta: ¿Dónde me llamas tu Jesús a vivir el Amor? Siempre en Oración le preguntaba a Jesús en donde podía llevarlo a cabo.

Al mismo tiempo sentía una necesidad de colaborar con el Verbum Dei, y me puse a disposición de las misioneras. Para ese tiempo ya estaba orando cada una de las opciones de vida (soltería, matrimonio o vida consagrada) donde vivir y potenciar el Amor al que Jesús me había invitado.

Para ese tiempo las misioneras me propusieron trabajar con el apostolado de los chicos entre 11 y 13 años. Yo les transmití que tenía muchas ansias de empezar a anunciar lo que la Oración y la Palabra generaban en mi. Hacía poco tiempo había tenido la oportunidad de hacerlo en un retiro de jóvenes universitarios de la Comunidad, en donde compartí con ellos el Llamamiento al Amor desde mi experiencia. En definitiva siempre se recibe más de lo que se da. Me sentí indigno y miserable porque no me creía merecedor de tanta dicha, ni siquiera de poder hablar de ÉL, ni de sentirlo tan cerca. Pero ese día Jesús me abrazó y el me confirmaba el Plan que estaba trazando para mi.

Al mes siguiente inicié con el grupo de chicos, los que han sido todo un reto para mí ya que requería poder transmitir Oración y Palabra desde un contexto distinto, y aún hoy me sorprendo de los frutos que se van engendrando.

Durante todo ese tiempo tuve oportunidad de ver todo lo que consideraba bueno y no tanto de cada opción de vida. Y es que por todos los estudios que había tomado me hacían querer analizar bien el panorama, ver todas las variables y constantes,  antes de definir cual era el camino.

Ya Jesús me había manifestado donde quería verme, por algún tiempo me resistí, luego de algunos meses le dije que iba a considerar lo que ÉL me proponía.

Jesús continuaba insistiendo y yo resistiéndome. Luego de una formación del grupo de Profesionales logré acercarme al Padre como nunca lo había hecho y me manifestó y confirmó lo que Jesús quería para mí.

El Padre me indicó donde estaba mi llamado de Amor y que la felicidad que tanto añoraba estaba muy cerca, estaba en vivir el Cielo en la Tierra siguiendo a Jesús. Pude comprender y hacer mía la cita de Mt 16, 24 y sentir que tanto Jesús y el Padre me decían en Mt 13, 44 que eso es lo que estaba por encontrar: la felicidad y Amor al extremo. Ese fue el día en donde mi corazón no pudo sostener más y se hizo dócil al Amor.

Fue tan claro que no podía dejar de orar, de agradecer. Viendo atrás mi vida había cambiado tanto que prefería estar con Jesús para calmar mi sed.

Inicié el análisis de varias opciones y carismas para identificarme. En los momentos de duda Maria venía a mi y yo le encomendaba mi vocación, que la protegiera con sus manos así como un tesoro, y lo ha hecho de una manera increíble.

Solicité a la misionera que me acompaña que por favor me diera ejercicios de discernimiento, así que hice varios, uno de Actitud Frente a la Vida en el que se realiza la trayectoria de la Vida, aspectos significativos, las actitudes presentes, y luego para identificar el llamado de Vida. Me tomó varias semanas realizar y completar estos ejercicios.

A la vez iba entendiendo que significaba pobreza, obediencia y castidad para empezar a vivirlos desde mi realidad. Al mismo tiempo continuaba en las formaciones de Profesionales, el apostolado y el acompañamiento. Hice muchas consultas y leí sobre afectividad, Eucaristía, vida comunitaria, consagración, etc.

También analicé otros carismas, pero siempre regresaba al Verbum Dei. La Oración con la Palabra se había convertido en el alimento diario y el llamado al Ministerio de la Palabra se convertía en una necesidad. La vivencia de ambas me ha ido transformando para que desde mi realidad en casa, trabajo y demás, se sienta el cambio y el deseo de mejorar, de añorar el ideal de vida: Jesús, el ser Cristo.

En los últimos meses, en una charla de pecado pude identificarme por completo y eso me hizo pensar de la poca dignidad que tenía al considerar un camino consagrado. Fue muy difícil, me sentí indigno, pecador y no merecedor de Jesús, lloré mucho, pero Jesús me ayudó a recibir la misericordia de Dios y aceptarme indicándome que ÉL llama a los que necesita.

Luego pude entender claramente que vivir esta situación era parte necesaria de mi camino.

Le comenté a la misionera que me acompaña mi identificación con el Verbum Dei y de cómo me gustaría conocer la Rama de Misioneros. Tenía muchísimas preguntas, inquietudes que consideraba mejor platicarlas con un misionero. Gracias a Dios se presentó la oportunidad y pude conocer más a fondo dicha Rama de la Fraternidad. Junto con el misionero tuvimos tiempo para conversar, para contarle de mi camino, de la opción de vida a la que me siento llamado, mis anhelos de corazón, mi relación con Jesús, y hasta compartir la confirmación que había recibido por parte del Padre en el camino que estaba trazando para mi.

Y es así como pude asimilar aspectos claves de la llamada en mi vocación y como yo los he estado viviendo y que me identifican con el carisma del Verbum Dei. Todo esto me ayudó a poder detallar las motivaciones que tengo para iniciar el camino con el Curso de Formación de la Rama de Misioneros.

Así he continuado en esta vía, reforzando mi llamado, haciéndome más dócil y asimilando todo lo que contempla iniciar en una vida consagrada, porque significa ganar y desprenderse de cosas que uno mismo no se imagina.

A este punto creo saber que hay mucho camino por delante, inclusive creo que me falta aún asimilar algunas cosas propias de la vida consagrada, pero lo que me da fortaleza y confianza es Jesús, Él me dice, no tengas miedo, lánzate, yo estoy contigo.

Comentarios

  1. Cata dice:

    Hola Luis, de parte de todos los pre-juveniles un abrazo bien grande, que Dios Padre y Mama Maria te sigan guiando en tu camino misionero, gracias por compartir tu testimonio con nosotros, nos permite acercarnos más a la oracion y a vivir realmente nuestra mision. Un abrazo

  2. Andrea dice:

    Grande es nuestro Maestro bueno cuando nos muestra su reino a los pequeños y nos dice “yo te invito a que vivas conmigo, quiero ser tu amigo”. Gracias Luis por tu discernimiento y esa inquietud que quema tu corazón, que nuestra Madre te acompañe y guíe en tu camino. Un fuerte abrazo para mi amigo de siempre!

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